Tanto jóvenes como adultos que no cuenten con la suficiente experiencia pueden verse muy beneficiados de recibir educación sexual. El sexo sigue siendo, en cierto modo, un tema tabú en nuestra sociedad, lo que dificulta mantener conversaciones relacionadas con ello e impide que la gente con poca o ninguna experiencia pueda entender todo lo relacionado con el acto sexual.
¿Por qué es necesaria la educación sexual?
Tal vez te estés preguntando si realmente es tan necesaria la educación sexual en nuestras vidas. Lo cierto es que el sexo, al igual que la inmensa mayoría de comportamientos, también es algo que se aprende. Resulta imposible no recibir nada de educación sexual al estar tan presente en nuestro entorno desde el momento de nuestro nacimiento, aunque esta se lleve a cabo de forma incosnciente y no deliberada.
Las personas que apenas tengan educación sexual ni tampoco tengan experiencia podrían acabar llevando a cabo conductas de riesgo que podrían derivar en ITS, disfunciones sexuales, embarazos no deseados o violencia sexual y de género.
Es por ello que tanto niños como adolescentes deben recibir información veraz y de calidad acerca de la sexualidad. La educación sexual, además de proporcionarles los conocimientos necesarios sobre el funcionamiento del cuerpo humano y de cómo prevenir los problemas de salud sexual, también les ayudará a la hora de aumentar su confianza en la toma de decisiones, así como en la búsqueda de relaciones más sanas.
¿Qué es educación sexual y qué no lo es?
La educación sexual, lejos de limitarse a describir la función reproductiva, el control y la prevención de enfermedades o disfunciones, debe incluir aspectos educativos mediante los cuales las personas que la reciban puedan vivir y expresar su sexualidad de una manera mucho más satisfactoria y placentera.
Muchos creen que la educación sexual puede acelerar el inicio de las relaciones sexuales, pero esto no es así. Es precisamente mediante una educación sexual abierta y con una visión globalizada y positiva como se suele ayudar a los adolescentes a que retrase este momento, ayudándolos a sentirse más preparados. Por supuesto, mediante la educación sexual recibirán toda la información que necesitan para minimizar los riesgos todo lo posible.
Existe otra creencia que se basa en que proporcionar educación sexual condicionará aspectos tales como la orientación sexual o las preferencias sexuales de los niños. A la hora de la verdad, el conocimiento de la amplia diversidad referente a la sexualidad y a su forma de expresarla es la mejor manera para que los niños y niñas sean capaces de implementar estos temas con mucha más naturalidad.
¿Qué incluye realmente una buena educación sexual?
La buena educación sexual deberá estar basada en ideas plurales con rigor científico, así como en la promoción de actitudes tolerantes que, además de ayudar a la prevención contra las ets e its, también promocione la salud sexual de una forma mucho más global. Hay que tener que, en lo relacionado a la educación sexual, hay mucho más allá de aprender a poner preservativos de manera correcta.
Nuestro concepto de la educación sexual todavía sigue anclado en la perspectiva biológica y fisiológica, ignorando factores tan importantes como los psicológicos, sociales y culturales. Se deben incluir, así, temáticas tales como la anatomía, la orientación sexual y relacional, la comunicación, el consentimiento… entre otros.
La educación sexual de calidad también incluye la satisfacción tanto de dudas como de preguntas que puedan tener tanto niños como adolescentes en todas y cada una de las etapas de su vida. Recuerda que, hoy en día, los dispositivos móviles cuentan con acceso a Internet y a las redes sociales, en las cuales circula mucha información sobre la sexualidad que puede ser incorrecta pero que los pequeños pueden considerar como verdades. Tanto padres y madres como educadores deberán prepararse para recibir preguntas de todo tipo, incluso aquellas relacionadas con juguetes eróticos, y tendrán que aportar respuestas adaptándolas siempre al nivel de comprensión y madurez del que las recibe.
